Archivos para enero, 2019

La obesidad sarcopénica se asocia a discapacidad, problemas posturales y caídas. Las actividades comunes de la vida diaria, como caminar o subir escaleras, se hacen difíciles o imposibles para personas con obesidades severas. Esas limitaciones también lo son para poder participar en programas de ejercicio, lo que dificulta mantener una buena función muscular, algo esencial para la salud de estos pacientes. Recientemente se han publicado los resultados de un estudio (Stoever y col, 2016; J Geriatr Phys Ther 7-nov) cuyo objetivo fue investigar la influencia del entrenamiento de fuerza sobre la capacidad física de pacientes obesos de edad avanzada con sarcopenia. Los pacientes (hombres y mujeres) eran físicamente inactivos con BMI ≥30 kg/m). Los voluntarios fueron divididos en 2 grupos: pacientes con sarcopenia (SAR) y pacientes sin o con pre-sarcopenia (NSAR). El entrenamiento de fuerza aplicado a estos pacientes fue progresivo, 2 días/semana durante 16 semanas, incrementando del 80 al 85% 1RM con 3 series de 8 a 12 repeticiones. Los resultados mostraron que después del entrenamiento el grupo SAR mejoró la fuerza de prensa de mano (9%), velocidad de marcha (5%), sarcopenia (13%) y test de rendimiento físico (11%). En las dos últimas variables estos pacientes alcanzaron los niveles pre-entrenamiento del grupo NSAR. Los pacientes del grupo NSAR mejoraron las variables evaluadas respecto al estado basal. No hubo modificaciones en ningún grupo respecto al índice de masa muscular esquelética. Los autores concluyen que los pacientes obesos de edad avanzada con sarcopenia mejoraron con el entrenamiento de fuerza. Esta mejora de la capacidad muscular puede ayudar a una vida más independiente, reduciendo el riesgo de discapacidad y caídas.

Hemos defendido al entrenamiento de fuerza como el “entrenamiento de elección” para mantener la salud y prevenir enfermedades. En el caso de las personas de edad avanzada o pacientes obesos ya no es una opción es una necesidad. Ahora, solo cabe aplicar las dosis adecuadas de esta modalidad de ejercicio, y para conseguirlo el único camino es conocer en profundidad la fisiopatología de estas condiciones y aplicar los principios generales del entrenamiento de manera individualizada.

Durante muchos años el entrenamiento de fuerza estuvo contraindicado en niños (pre-púberes) por la idea de un tejido muscular no desarrollado, posibles consecuencias negativas para el crecimiento de los huesos y riesgo de lesiones (fracturas). Recientemente se han publicado los resultados de un estudio (Fritz y col, 2016; Eur J Appl Physiol 116: 707-15) cuyo objetivo fue valorar como la intervención de un programa de fuerza en una población pediátrica se relacionó con la mejora de la fuerza muscular y el riesgo de fracturas. Se realizó una intervención escolar con la realización de 200 min de actividad física/semana durante 5 años a 335 niñas y 408 niños entre los 6 y los 9 años de edad al inicio del estudio. Se valoró igualmente un grupo control de 756 niñas y 782 niños de la misma edad que realizaron un programa con 60 min de actividad física a la semana. Durante todo el estudio se registraron el número de fracturas. En un subgrupo de 51 niñas y 54 niños en el grupo control y 74 niñas y 107 niños en el grupo de intervención se midieron fuerza de flexo-extensión de rodilla, así como composición de miembros inferiores por DEXA. Los resultados mostraron que los niños del grupo de intervención tuvieron un riesgo de fractura de 1,03 (p=0,79). La ganancia anual de fuerza fue significativamente mayor en el grupo de intervención tanto en niños como en niñas, mientras que la composición de miembros inferiores (musculo, grasa, hueso), fue similar. Los autores sugieren que un aumento de la actividad física en periodo pre-puberal mejora la ganancia en fuerza sin afectar al riesgo de fractura.

La única herramienta que hay que aplicar para estructurar programas de actividad física en general, y de fuerza en particular, en edad infantil, es el CONOCIMIENTO. Solo así el entrenamiento de fuerza deja de estar contraindicado para tener su justificación e incluso su indicación en esta población. La pregunta es la de siempre: ¿estamos realmente capacitados para entrenar niños? Si la respuesta sincera es no, mejor no intervengas, ahórraselo a los peques.